SUTILES RECRIMINACIONES
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista
Especialista en Producción Radiofónica
Lunes 14 de abril de 2008
Enrique Calvo, “El Cali”, no se puso de rodillas a porta gallola para cuestionar la posición cómoda, apatía e indiferente de César Rincón sobre la frase común del “futuro de la Fiesta”. ¿Acaso, le importa al recién retirado matador de toros? ¡Sinceramente no creo!, porque el diestro bogotano ha desarrollado una inteligencia superior a la demostrada frente a los toros, para tomar por los cuernos el arte de las relaciones públicas a todo nivel. No obstante, “lo que natura no da, Salamanca no lo presta”. Sea pulido un poco ¡y no más!.
De ser un insípido ciudadano del común con un oficio que no requiere formación académica y asentado en las laderas del capitalino barrio de La Candelaria, pasó Rincón a tratar de pulir sus pauperizadas conductas sociales que debieron provocar más de una mofa a hurtadillas en los círculos selectos de la Realeza Europea y los potentados Latinoamericanos. ¡No le fue fácil! pasar del chancho y del huevo frito al caviar, el filet mignon y una docena de cubiertos más complicados de descifrar que la fiereza del toro “Bastonito”.
Por esto, le digo a Enrique Calvo que se olvide de las sutilezas con Rincón, porque a este César le falta la grandeza de las cruzadas, que no obstante, lo cuestionables, fueron arriesgadas, pero dilectas con el futuro.
Con el éxito a César Rincón se le olvidó la humildad, fue tacaño con la camaradería, vanidoso, superfluo e inmodesto. Sufrió la imbécil amnesia del poder, esa que lo llevó a cerrar la puerta de su ganadería en España a aquellos que por infortunio replicaron el hambre y el abandono en el país ibérico.
A diferencia de los conceptos modernos de trade marketing y manejo de imagen, el aislado matador siempre ha contado con efímeros áulicos en varios medios de comunicación y dos señoras, a manera de amadas de llaves, que atan los cabos sueltos que deja la soberbia de Rincón, quien ratifica su falta de sentido de pertinencia con las burlas al periodismo colombiano, en cabeza del suplantador y también afectado Luis Carlos Rincón.
¡Que fastidio el dejo de Shakira, pero que ridícula la Z de Rincón!, quien está más cerca de las sandeces de Juan Pablo Montoya que de la autenticidad, el desprendimiento y la berraquera de Juanés. Y los menciono, porque aparecen citados en la lacónica carta de “El Cali”. Para mí el asunto tiene un fondo diferente a manera de sentencia bíblica: “Sé humilde cuando subas, para que sean benevolentes contigo cuando caigas”.
Por esto, el retiro de César Rincón tuvo el efecto efímero e inmediato de su larga despedida circense. ¡Última función! en cada Plaza, lágrimas, vueltas al ruedo, placas conmemorativas, encierros terciados, algunas orejas regaladas y “¡na´ más!”
Se fue uno de los toreros más importante en la reciente historia de la tauromaquia sin la huella digital que dejan los hombres compasivos, sensatos, comprometidos y capitanes de la causa.
Este liderazgo es el que reclama soslayadamente Enrique Calvo a César Rincón, quien en vigencia no utilizó los hilos del poder mediático para impulsar actividades o proyectos en pro de la fiesta brava. Fue un lerdo observador y pasivo motivador frente a los avatares legislativos del orden municipal y nacional.
Es insensato “Pedirle peras al olmo” cuando no hay convicción e interés, porque ¡sí no es para mí, no es para nadie! Los ideales de Rincón están orientados hacia el manejo tras bambalinas con el fin de imponer ganaderías, quitar o colocar a personas de sus afectos –palatinos regalados-, en fin, incrementar las utilidades y engrosar su ego.
El altruismo que reclama Enrique Calvo, “El Cali”, en su misiva a Rincón de “no puedes pasar por esta tierra sin dejar de hacer nada distinto que salir por la puerta grande”, sólo tendrá eco cuando el polvo del olvido cotidiano genere en el interior de César la nostalgia de la vigencia y el anhelo de ser recordado por lo Grande que fue como Hombre…y no simplemente, la flor de un día soportada por la débil rama de la vanidad y la fama.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista
Especialista en Producción Radiofónica
Lunes 14 de abril de 2008
Enrique Calvo, “El Cali”, no se puso de rodillas a porta gallola para cuestionar la posición cómoda, apatía e indiferente de César Rincón sobre la frase común del “futuro de la Fiesta”. ¿Acaso, le importa al recién retirado matador de toros? ¡Sinceramente no creo!, porque el diestro bogotano ha desarrollado una inteligencia superior a la demostrada frente a los toros, para tomar por los cuernos el arte de las relaciones públicas a todo nivel. No obstante, “lo que natura no da, Salamanca no lo presta”. Sea pulido un poco ¡y no más!.
De ser un insípido ciudadano del común con un oficio que no requiere formación académica y asentado en las laderas del capitalino barrio de La Candelaria, pasó Rincón a tratar de pulir sus pauperizadas conductas sociales que debieron provocar más de una mofa a hurtadillas en los círculos selectos de la Realeza Europea y los potentados Latinoamericanos. ¡No le fue fácil! pasar del chancho y del huevo frito al caviar, el filet mignon y una docena de cubiertos más complicados de descifrar que la fiereza del toro “Bastonito”.
Por esto, le digo a Enrique Calvo que se olvide de las sutilezas con Rincón, porque a este César le falta la grandeza de las cruzadas, que no obstante, lo cuestionables, fueron arriesgadas, pero dilectas con el futuro.
Con el éxito a César Rincón se le olvidó la humildad, fue tacaño con la camaradería, vanidoso, superfluo e inmodesto. Sufrió la imbécil amnesia del poder, esa que lo llevó a cerrar la puerta de su ganadería en España a aquellos que por infortunio replicaron el hambre y el abandono en el país ibérico.
A diferencia de los conceptos modernos de trade marketing y manejo de imagen, el aislado matador siempre ha contado con efímeros áulicos en varios medios de comunicación y dos señoras, a manera de amadas de llaves, que atan los cabos sueltos que deja la soberbia de Rincón, quien ratifica su falta de sentido de pertinencia con las burlas al periodismo colombiano, en cabeza del suplantador y también afectado Luis Carlos Rincón.
¡Que fastidio el dejo de Shakira, pero que ridícula la Z de Rincón!, quien está más cerca de las sandeces de Juan Pablo Montoya que de la autenticidad, el desprendimiento y la berraquera de Juanés. Y los menciono, porque aparecen citados en la lacónica carta de “El Cali”. Para mí el asunto tiene un fondo diferente a manera de sentencia bíblica: “Sé humilde cuando subas, para que sean benevolentes contigo cuando caigas”.
Por esto, el retiro de César Rincón tuvo el efecto efímero e inmediato de su larga despedida circense. ¡Última función! en cada Plaza, lágrimas, vueltas al ruedo, placas conmemorativas, encierros terciados, algunas orejas regaladas y “¡na´ más!”
Se fue uno de los toreros más importante en la reciente historia de la tauromaquia sin la huella digital que dejan los hombres compasivos, sensatos, comprometidos y capitanes de la causa.
Este liderazgo es el que reclama soslayadamente Enrique Calvo a César Rincón, quien en vigencia no utilizó los hilos del poder mediático para impulsar actividades o proyectos en pro de la fiesta brava. Fue un lerdo observador y pasivo motivador frente a los avatares legislativos del orden municipal y nacional.
Es insensato “Pedirle peras al olmo” cuando no hay convicción e interés, porque ¡sí no es para mí, no es para nadie! Los ideales de Rincón están orientados hacia el manejo tras bambalinas con el fin de imponer ganaderías, quitar o colocar a personas de sus afectos –palatinos regalados-, en fin, incrementar las utilidades y engrosar su ego.
El altruismo que reclama Enrique Calvo, “El Cali”, en su misiva a Rincón de “no puedes pasar por esta tierra sin dejar de hacer nada distinto que salir por la puerta grande”, sólo tendrá eco cuando el polvo del olvido cotidiano genere en el interior de César la nostalgia de la vigencia y el anhelo de ser recordado por lo Grande que fue como Hombre…y no simplemente, la flor de un día soportada por la débil rama de la vanidad y la fama.
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